Simple: Porque puedo. No porque sea millonaria o algo, sino que porque aún vivo con mis padres, no tengo hijos ni gastos como arriendo o dividendos. Claro, voy a tener que colaborar menos (aún) con el presupuesto familiar, pero tampoco es como que nos vayamos a quedar sin comer por eso.
Y porque me cansé. Estuve seis meses levantándome a las cuatro de la mañana, para llegar a las cinco a trabajar, muerta de sueño todo el día y con la vida social restringida al máximo, porque a las nueve ya tenía que estar en el sobre. Después, cuando me cambié de trabajo y pensé que me había liberado de esos inconvenientes, estuve otros cinco meses viajando una hora y media desde mi casa a la oficina, y viceversa; saliendo a las siete de la tarde (cuando se podía, pero usualmente después de esa hora) y llegando a la casa entre las ocho y media y las nueve, para estar en el sobre de nuevo a las once. Es decir, dos horas de “vida” por día.
Las idas al cine, la lectura y las salidas con amigos disminuyeron al mínimo. Incluso dejé de hacer ballet: en resumen, no pude combinar el trabajo con todos aquellos “cariñitos para el alma”, los gustitos, las cosas que valoro y son parte de lo que soy actualmente.
En ninguno de los dos casos, las pegas me gustaban o convenían lo suficiente como para bancarme los inconvenientes. Porque claro está, el problema iba más allá de los horarios… Pero para que ponerse a pelar a jefes o clientes.
En fin, la cosa es que había (hay) cansancio, no solo físico: mirar para atrás y ver que en los últimos años le he dado demasiada importancia a lo laboral; pero en especial, darme cuenta de que haber recibido una buena formación académica y ser siempre la niña matea no son garantías de éxito cuando no tienes claro lo que quieres y no impones tus términos, todo eso desgasta. Acumulas pena, rabia e incluso un cierto resentimiento. Chocar con la realidad, creo que le llaman.
Si ha sido así para mí, que no tengo más responsabilidades aparte de trabajar, no quiero ni pensar como es para alguien que además tiene que mantener casa y familia. Y no quiero saberlo tampoco: simplemente prefiero andar a un ritmo un tanto más lento que el que demanda “la vida moderna”, y no soporto mucho peso en los hombros, punto. Llámenme mimada, inmadura, superficial, floja, ilusa o inconsciente... Puede ser, pero es lo que siento, y quiero ser fiel a eso.
Releyendo esto, me doy cuenta de que la decisión parece fríamente calculada: pero no hubo nada de frío en el proceso, de hecho hubo llantos al por mayor, problemas de sueño, kilos de estrés (con caída de pelo y todo) e incluso discusiones familiares de por medio.
Pero la vida es balance: cuando te da, te pide algo a cambio; y cuando te quita, te compensa (o al menos eso creo yo): a mí la vida y mis decisiones me llevaron a pegas complejas, pero me dieron a los mejores compañeros y compañeras de ruta que se puedan pedir, personas a quienes ahora llamo amigos; que apoyaron, enseñaron, escucharon, regalaron muchas risas y toneladas de cariño. No dejo de agradecer todo eso.
Por lo pronto, creo que me dedicaré a ser una marmota humana mientras duren los ahorros, a retomar contacto con los amigos, a ponerme al día con las pelis que deje de ver, los libros que aún no leo y con los cafés que quedan por conocer; hasta que vuelva a tener ganas de producir otra vez, y sepa en qué diablos quiero trabajar ahora.
mayo 02, 2011
diciembre 24, 2010
Anti-balance de fin de año
Nop. Este año no pienso hacer un ególatra resumen de "mi viaje interno", o las cosas que he aprendido, lo que quiero lograr para el próximo año, blablablá. ¿Por qué? Es bien simple: Tengo la sensación de haber estado todo el año peleando contra mis circunstancias, sin conseguir mucho, y postergando varios planes. Eso cansa, y frustra.
Sin embargo, hay algo por lo que siempre hay que dar las gracias, porque por lo demás, son lo mejor que tengo: mi gente. Así que ahí va...
Familia: todos, sin excepción. Los grandes - los viejitos, los hermanos, las sobrinas mayores - por ser mi principal soporte, y los chicos - Panchi, Toñi, Josué, Martina, Elías - por inyectarme energía y regalarme toneladas de ternura.
Los de hace tanto tiempo: Ale, Bárbara y Carol, mi propio ABC amiguístico; siempre, siempre, siempre ahí. Inés, Andrea, Poly, Carmen, Denisse y sus respectivas parejas e hijos; gracias por crecer juntas. Daniel y la socia Val, tan lejos y tan cerca; Kathy, Paulita Fernández y Raúl, que son mucho más que buenos recuerdos de mi época radial.
Los de no hace tanto tiempo: el gran Alvarito, Gaby preciosa, Jorge, Consu, Cathy, Gracia, son lo más; Leti, Paty y Dorita, que se les extraña. Las de hace menos tiempo aún: Paula y Maria José. Todo siempre han tenido los brazos abiertos para mí, y eso es impagable.
Las nenas de ballet: Loretito, Maquita y la profe Vale, que aparte de ganas, le ponen risas y mucho cariño a cada clase. Las ocasionales, pero que siempre dejan huella: Kika, Cielo, Paulita Gallardo, Marianita Hales y Loretito León.
Simplemente porque hicieron la diferencia, y lograron que este finalmente no fuera lo que muchos han calificado como "un año de mierda". Vamos por uno más, los quiero montones...
Sin embargo, hay algo por lo que siempre hay que dar las gracias, porque por lo demás, son lo mejor que tengo: mi gente. Así que ahí va...
Familia: todos, sin excepción. Los grandes - los viejitos, los hermanos, las sobrinas mayores - por ser mi principal soporte, y los chicos - Panchi, Toñi, Josué, Martina, Elías - por inyectarme energía y regalarme toneladas de ternura.
Los de hace tanto tiempo: Ale, Bárbara y Carol, mi propio ABC amiguístico; siempre, siempre, siempre ahí. Inés, Andrea, Poly, Carmen, Denisse y sus respectivas parejas e hijos; gracias por crecer juntas. Daniel y la socia Val, tan lejos y tan cerca; Kathy, Paulita Fernández y Raúl, que son mucho más que buenos recuerdos de mi época radial.
Los de no hace tanto tiempo: el gran Alvarito, Gaby preciosa, Jorge, Consu, Cathy, Gracia, son lo más; Leti, Paty y Dorita, que se les extraña. Las de hace menos tiempo aún: Paula y Maria José. Todo siempre han tenido los brazos abiertos para mí, y eso es impagable.
Las nenas de ballet: Loretito, Maquita y la profe Vale, que aparte de ganas, le ponen risas y mucho cariño a cada clase. Las ocasionales, pero que siempre dejan huella: Kika, Cielo, Paulita Gallardo, Marianita Hales y Loretito León.
Simplemente porque hicieron la diferencia, y lograron que este finalmente no fuera lo que muchos han calificado como "un año de mierda". Vamos por uno más, los quiero montones...
agosto 11, 2010
Lo que usted siempre quiso saber, y nunca se atrevió a preguntar
"Pero en serio ¿Por qué los gallos terminarán tan babosos por la Kena Larraín?, preguntó mi amiga Gaby (con cuyo permiso cuento para relatar la anécdota). "Porque debe ser buena pa' la cama", respondió uno de los chicos (con cuyo permiso NO cuento, así que no lo individualizaré). "Ya, pero ¿Qué es para los hombres que una mujer sea buena en la cama?", contraatacó la Gaby. CHAN! CHAN-CHAN! Mi amiga había tenido el desplante suficiente para preguntar una de las tantas cosas que yo siempre he querido preguntarle a un hombre. O a varios, como para establecer parámetros estadísticos, así por ser.
Tengo padre y hermano; amigos, primos; he tenido pololos y eso... Pero nunca he preguntado ese tipo de cosas. Son dudas bien básicas en realidad, que nacen nada más que de las diferencias físicas, psicológicas, de costumbres o de gustos que tenemos niños y niñas, lolitos y lolitas, el varón y la dama, blablablá. Son preguntas que deben haber sido formuladas desde los-siglos-de-los-siglos-amén; pero no pretendo ser novedosa, así que he aquí algunas de ellas:
- ¿Qué tanto duele un golpe en los testículos? Porque una dice "debe ser como el dolor de ovarios", y ellos responden "nooo, es peooor", pero ¿Cómo saben?. Así que para tener una idea: ¿Es como pegarse fuerte en la rodilla, como un calambre, un esguince o una fractura?
- Si las minas que salen en "Playboy" fueran feas de cara ¿Igual calificarían como "ricas"?
- ¿Cómo ven para dónde van mientras están pateando la pelota? En serio, es una capacidad que admiro sinceramente.
- ¿Qué onda con "Star Wars"? ¿Y con "El Padrino", y con "Matrix"?
- ¿Cuál es la técnica correcta para pegar el buen "combo en l'hocico" que le llaman?
- ¿Y para una "PLR"? (¿Con el empeine, el borde interno, la planta o de taquito?)
- Cuando sacan a bailar a alguien en una fiesta o una disco, y les dicen que no ¿Les molesta o están acostumbrados? ¿O nunca terminan de acostumbrarse? Yo no podría superarlo, así que creo que finalmente desistiría...
- ¿Algunas veces se preguntan cómo se sentirá estar embarazado? (No, no es como estar hinchado después de zamparse una parrillada. Aunque yo tampoco sé cómo es, la verdad...)
Llámenme superficial, pero son dudas que vienen de lo más profundo de mi lado Hello Kitty y de la adolescencia tardía, que me resisto a superar. Así que si hay algún representante de la raza masculina que tenga a bien contestar a mis interrogantes (decentemente y con buena intención... o se van de coscacho...), lo agradeceré.
- ¿Qué tanto duele un golpe en los testículos? Porque una dice "debe ser como el dolor de ovarios", y ellos responden "nooo, es peooor", pero ¿Cómo saben?. Así que para tener una idea: ¿Es como pegarse fuerte en la rodilla, como un calambre, un esguince o una fractura?
- Si las minas que salen en "Playboy" fueran feas de cara ¿Igual calificarían como "ricas"?
- ¿Cómo ven para dónde van mientras están pateando la pelota? En serio, es una capacidad que admiro sinceramente.
- ¿Qué onda con "Star Wars"? ¿Y con "El Padrino", y con "Matrix"?
- ¿Cuál es la técnica correcta para pegar el buen "combo en l'hocico" que le llaman?
- ¿Y para una "PLR"? (¿Con el empeine, el borde interno, la planta o de taquito?)
- Cuando sacan a bailar a alguien en una fiesta o una disco, y les dicen que no ¿Les molesta o están acostumbrados? ¿O nunca terminan de acostumbrarse? Yo no podría superarlo, así que creo que finalmente desistiría...
- ¿Algunas veces se preguntan cómo se sentirá estar embarazado? (No, no es como estar hinchado después de zamparse una parrillada. Aunque yo tampoco sé cómo es, la verdad...)
Llámenme superficial, pero son dudas que vienen de lo más profundo de mi lado Hello Kitty y de la adolescencia tardía, que me resisto a superar. Así que si hay algún representante de la raza masculina que tenga a bien contestar a mis interrogantes (decentemente y con buena intención... o se van de coscacho...), lo agradeceré.
junio 23, 2010
Inovidables momentos de olvido
Martes, cerca de las tres de la tarde: me metí a la estación Plaza de Armas para volver a la casa después del trabajo. Pegada como iba, leyendo los últimos capítulos de "Alta Fidelidad", entré al metro y me senté, sin mirar a nadie o nada más que a las hojas de mi libro. Después de un rato, levanté la vista para ver en qué estación iba y me dí cuenta de que el metro no iba por el túnel, sino que en altura... "Hum...", pensé, "en dirección a Pudahuel el metro no va en altura". Brillante conclusión: lo siguiente que veo es el letrero de la estación Carlos Valdovinos... ¡CARLOS VALDOVINOS! ¡¿En qué minuto, pero en qué minuto fui a dar allí?!
Con ataque de risa, llamé a mi vieja para contarle y después del suspiro de resignación correspondiente, me dice que ella anda en el centro, que nos juntemos en estación Plaza de Armas. Perfecto. Me subo nuevamente al metro, esta vez en la dirección correcta, me pego otra vez al libro y al rato suena mi celular: "¿Dónde estás? Te estamos esperando", me dice mi vieja... Miro el letrero de la estación... "Eeehhh... creo que me pasé; estoy en Blanqueado, mamá, mejor nos vemos en la casa...". Mal, todo lo que es mal.
La verdad es que mi estado mental debería al menos preocuparme, cuando no deprimirme, si no fuera por el historial de pajaroneos y metidas de pata que acumulo en mi vida, que no es menor. De hecho, y por recomendación de mi amiga Bárbara, hice una especie de Top Five con mis inolvidables momentos de olvido (qué lindo sonó eso...):
1.- Look apache: Uno de los pocos productos de maquillaje que uso a diario es el corrector de ojeras. Pues bien, iba yo camino a la Universidad, cubriendo coquetamente mis ojeras con el mentado ungüento. Cumplida la misión, me bajo en la estación correspondiente, y a medida que caminaba hacia el campus notaba lo mucho que iba llamando la atención. "Guau, y eso que sólo me puse corrector de ojeras"... Claro, me había puesto sólo eso, pero había olvidado esparcirlo, de modo que me andaba luciendo al más puro estilo Pocahontas, versión sur del mundo. Guapa yo.
2.- Los Fantasmitas: Siendo aún una imberbe practicante en radio Chilena, a menudo me topaba con que las "cuñas" (para los no periodistas: dícese del extracto de declaración escogido para una nota) perdian claridad, y algunas veces incluso se podía escuchar lo que había sido grabado anteriormente en el mismo cassette, fenómeno conocido como "los fantasmitas". Alguien entonces me pasó el dato de que los radiocontroladores tenían una maquinita para quitarle esos ripios a las cintas, así que pedí que me arreglaran la que tenía que utilizar en ese momento, pero cuando me la devolvieron, estaba completamente en blanco. Claro, nadie me explicó (ni yo pregunté), que la maquinita en cuestión no era tan avanzada ni selectiva como para sólo sacar el ruido: era simplemente un imán que dejaba los cassettes nuevamente en blanco. Genio y figura.
3.- Disléxica de los pies: Ocurrió que mientras trabajaba en otra radio, me levanté una de aquellas mañanas y busqué a tientas mis zapatillas. Me vestí, tomé desayuno y partí al trabajo. Hasta allí todo bien, pero cuando llego al paradero del colectivo, por alguna misteriosa razón me miré los pies y ahí estaban: una zapatilla perfectamente negra, y la otra perfectamente café!!! Maravilloso!!! Y como más de alguien se podía dar cuenta y subirme al columpio, opté por contarle a todo el mundo mi pastelazo. Por suerte los modelos eran parecidos, y claramente pudo haber sido más grave: pudo haber sido una bota y una chala, o una pantufla y tacos altos...
4. - Lo que no nunca debe faltar en la playa: Hace un par de años, íbamos rumbo a La Serena con mi amiga Bárbara, a disfrutar de nuestro merecido descanso veraniego. Íbamos entretenidísimas conversando, más o menos a la altura de Pichidangui, cuando mi socia me dice algo así como: "Ay, yo lo único que quiero es ponerme el bikini y correr al agua...", y yo me puse momentáneamente pálida. "Bárbara, no me vas a creer... no eché el bikini a la maleta!!!", "¡¡¡Cómo se te olvida echar el bikini cuando vas a la playa!!!". Resultado: Tras el ataque de risa, que nos duró hasta que llegamos a La Serena, tuvimos que pegarnos un tour al mall local y por suerte (por suerte!), había liquidación de la necesaria prenda. De lo contrario, habría tenido que quedarme en la arena, más vestida que musulmana.
5.- La Titulación: OK, aquí es cuando me doy cuenta de que la Bárbara ha sido testigo de casi todos los pastelazos de la lista. Lo heavy es que se sigue sorprendiendo de mi capacidad de pasteleo. En fin, ésta es una de las peores: ella se iba a titular, y yo iba camino a la ceremonia con un ramo de flores, corriendo pa que no se me hiciera tarde. Y se me ocurre llamar a otro compañero que también iba a ir al asunto: "Oye", le digo "Tú sabes en qué salón va a ser la titulación? Me esperas afuera para que entremos juntos?". Silencio de fracción de segundos, y del otro lado me contestan: "Eeehhh... Paula, la titulación fue ayer...". Maaal!!! Sintiéndome pésimo, llamo a la Bárbara para pedirle disculpas y ella me dice que pensó que me había pasado algo, y por eso no había podido ir. Le digo que voy camino a su casa a dejarle las flores, no le escucho bien lo que me contesta, y parto. A medio camino, me llama y me pregunta por qué me he demorado tanto. "Porque hay un taco del terror en Pajaritos", le explico. "Paula, y qué haces en Pajaritos? Si te dije que no estaba en mi casa, que estaba donde mi pololo!!!". Sin comentarios...
Sé que no debería exponer de esta manera mi nivel de "fragilidad mental", a riesgo de no conseguir más amigos, o peor, de no volver a conseguir novio. Pero la verdad es que, de vez en cuando, por atarantada o por andar demasiado concentrada en otras cosas, mi conexión con la realidad se rompe abruptamente. Hasta ahora, no le he causado daño a nadie, ni tampoco a mí misma. Y a estas alturas, la verdad es que pese a mi infinita mala cabeza, igual me sigo cayendo bien, qué le voy a hacer. De todas formas, ya está todo el mundo sobre aviso, no digan que no les advertí.
abril 09, 2010
crónica de un cambio de folio
Tengo que reconocerlo: me había dado la crisis de los treinta. No quería que llegara el día porque - en resumen - cuando tenía quince, veinte o veinticinco y me imaginaba cómo sería mi vida a los treinta, me visualizaba "en la cresta de la ola" en todo sentido; emocional, familiar, laboral y románticamente hablando. Pero hoy, la realidad más bien es que sigo mojándome los pies en la orilla de la playa, si se entiende.
De todas formas, el día llegó, y comenzó más temprano que de costumbre. Mis nuevas obligaciones como "servidora de Palacio" (el de Gobierno) implican que mi horario de entrada sea a las 7:30 de la mañana. Pero los apapaches varios de papi, mami, hermana y sobrina al abrir los ojos, me dejaron en buen pie para enfrentar la jornada.
Llegué directo a producir. Un café para avivar las neuronas (dos en realidad) y a trabajar. Pero el teléfono comenzó a sonar: a la Ale, la Inés y la Bárbara les gusta saludar tempranito para los cumpleaños. Y ya cuando me llamaron mis dos sobrinas grandes y los dos sobrinos nietos, cantando a coro, empecé a quedar en evidencia. Es curioso: Desde hace tres años que mi cumpleaños me pilla casi recién llegada a un nuevo trabajo, así que es como ganar protagonismo involuntariamente y de sopetón; los colegas como que se disculpan porque no sabían, y todo el mundo se pregunta por qué anda tan contenta "la niña nueva".
El año pasado, mis entonces colegas nuevos me organizaron un pequeño festejo, el primero que se hacía en la oficina luego de mucho tiempo sin celebrar cumpleaños. Este año volví a cambiar de oficina en estas fechas, y no hubo pequeño festejo; pero parte de los colegas (ahora amigos) del año pasado siguen conmigo, y me dieron el abrazote y los buenos deseos correspondientes; y los que ya no están conmigo, me sorprendieron con una rica once en el Patio Bellavista. En el trabajo, uno espera más bien ganar respeto o reconocimiento; pero cuando además de eso te entregan cariño, la satisfacción se multiplica.
Seguí atendiendo el teléfono en medio de la pega, y mirando el Facebook de cuando en vez. Mi muro parecía la animita de Romualdito: claro que en vez de agradecimientos por favores concedidos, todo era felicitaciones, buenos deseos y abrazos virtuales. Algunos esperados, otros sorpresivos, pero todos con ese gustito cálido que deja el sentirse recordada.
Ya en casa, me esperaban mis padres, mis padrinos, mi hermana y los sobrinos cantores; además de muchos besitos y tiernos cariños con bracitos pequeños; de esos que cubren poco, pero llenan mucho.
Así que el balance no puede sino ser bueno: aunque no haya llegado a los treinta con los sueños de antaño cumplidos, sí llego con sueños nuevos por cumplir; con más cosas claras, heridas cicatrizadas y convicciones más firmes. Tengo la impresión de que a eso es a lo que llaman crecer.
Pero bueno, aún queda celebración. Lo bueno de estar de cumpleaños en día jueves, es que puedes estirarlo hasta el viernes, el sábado y el domingo. Así da gusto cumplir treinta.
De todas formas, el día llegó, y comenzó más temprano que de costumbre. Mis nuevas obligaciones como "servidora de Palacio" (el de Gobierno) implican que mi horario de entrada sea a las 7:30 de la mañana. Pero los apapaches varios de papi, mami, hermana y sobrina al abrir los ojos, me dejaron en buen pie para enfrentar la jornada.
Llegué directo a producir. Un café para avivar las neuronas (dos en realidad) y a trabajar. Pero el teléfono comenzó a sonar: a la Ale, la Inés y la Bárbara les gusta saludar tempranito para los cumpleaños. Y ya cuando me llamaron mis dos sobrinas grandes y los dos sobrinos nietos, cantando a coro, empecé a quedar en evidencia. Es curioso: Desde hace tres años que mi cumpleaños me pilla casi recién llegada a un nuevo trabajo, así que es como ganar protagonismo involuntariamente y de sopetón; los colegas como que se disculpan porque no sabían, y todo el mundo se pregunta por qué anda tan contenta "la niña nueva".
El año pasado, mis entonces colegas nuevos me organizaron un pequeño festejo, el primero que se hacía en la oficina luego de mucho tiempo sin celebrar cumpleaños. Este año volví a cambiar de oficina en estas fechas, y no hubo pequeño festejo; pero parte de los colegas (ahora amigos) del año pasado siguen conmigo, y me dieron el abrazote y los buenos deseos correspondientes; y los que ya no están conmigo, me sorprendieron con una rica once en el Patio Bellavista. En el trabajo, uno espera más bien ganar respeto o reconocimiento; pero cuando además de eso te entregan cariño, la satisfacción se multiplica.
Seguí atendiendo el teléfono en medio de la pega, y mirando el Facebook de cuando en vez. Mi muro parecía la animita de Romualdito: claro que en vez de agradecimientos por favores concedidos, todo era felicitaciones, buenos deseos y abrazos virtuales. Algunos esperados, otros sorpresivos, pero todos con ese gustito cálido que deja el sentirse recordada.
Ya en casa, me esperaban mis padres, mis padrinos, mi hermana y los sobrinos cantores; además de muchos besitos y tiernos cariños con bracitos pequeños; de esos que cubren poco, pero llenan mucho.
Así que el balance no puede sino ser bueno: aunque no haya llegado a los treinta con los sueños de antaño cumplidos, sí llego con sueños nuevos por cumplir; con más cosas claras, heridas cicatrizadas y convicciones más firmes. Tengo la impresión de que a eso es a lo que llaman crecer.
Pero bueno, aún queda celebración. Lo bueno de estar de cumpleaños en día jueves, es que puedes estirarlo hasta el viernes, el sábado y el domingo. Así da gusto cumplir treinta.
enero 18, 2010
la píldora del día después (de las elecciones)
Una de las primeras cosas que hizo Michelle Bachelet al día siguiente de la derrota de Frei (y de la Concertación, y del inicio del fin de su gobierno, etc.) fue promulgar la ley que garantizará la entrega de la píldora del día después en los consultorios de todo el país, en una ceremonia en la que participaron sus ministros, parlamentarios, distintas autoridades y por supuesto, muchos funcionarios de distintas reparticiones del Gobierno. Y yo estaba ahí.
Claro, hace nueve meses atrás, el acto me habría interesado lo mismo que a cualquier ciudadana que quiere tener plena libertad para decidir qué hacer con sus capacidades reproductivas, y punto. Pero el hecho es que desde hace nueve meses soy funcionaria pública, así que de alguna manera sentía que tenía que estar ahí. No porque tenga alguna filiación política con alguno de los partidos de la Concertación: de hecho, durante toda la campaña, me negué a participar en los puerta a puerta y los banderazos, defendiendo a mango mi independencia política. Pero tampoco tengo cercanía con la Alianza: cómo podría, por algo estoy donde estoy. Me ha gustado la gestión de la Bachelet, ella me cae profundamente bien; y por oposición, Piñera me produce una enorme desconfianza, y me da mucha pena (e incluso un poco de vergüenza) que él vaya a ser la cara más visible del país por los próximos cuatro años.
En fin, retomando: Ahí figuraba yo, en el Patio de Los Cañones, viendo un desfile impresionante de caras de congoja. Sobre el estrado, Viera Gallo, la Mónica Jiménez y el ministro de Salud; en primera fila el resto del gabinete y algunos parlamentarios de la Concerta. Por ahí apareció Carolina Tohá, "mi jefa" hasta hace algunos meses atrás, y fue recibida con aplausos. Pero a la que todos esperábamos era a la Presi: porque de alguna manera, el acto se transformó, desde mi punto de vista, en una manera de consolarse por la derrota, y de comenzar a despedir en grande a la Bachelet.
Algunos echaban la talla y decían que aquello se había transformado en un verdadero funeral. Y de alguna manera así era: no tanto porque se hubiese muerto algo o alguien importante o muy querido (al menos no para mí), sino que porque por todas partes veía abrazos de contención, de compañerismo, de lamentar la pena o la rabia colectiva. Por cierto que también había perfiles orgullosos pavoneándose, y gente que mordía el polvo de mala gana; pero lo que más me llegó fue esa sensación de gente que ha construído algo en conjunto, y que ahora se lamenta de tener que pasarle ese logro, ese proyecto o ese trabajo, a alguien más (Estoy pensando en la gente que luchó por el regreso de la democracia, en los que de verdad defendían el proyecto de la Concertación, no en los que sólo se dedicaron a prosperar).
La Presi - de azul eléctrico y perfectamente peinada - fue aplaudida con ganas, pero no desaforadamente (así de notorio era el desánimo). Pensé entonces en la tremenda carga simbólica del acto: qué podría ser más femenino en el primer gobierno femenino de Chile, que promulgar una ley sobre derechos reproductivos; y al día siguiente de una derrota electoral. Se logró, finalmente, aunque la píldora para éste día después resultara muy, muy amarga para muchos.
No podía ser más preciso para pasar de una etapa a otra, de un período en el que, como la misma Bachelet dijo, se había luchado principalmente por la libertad y la igualdad; a otro en el que... bueno, quién sabe qué va a pasar.
No soy pesimista respecto al nuevo gobierno: no confío en ellos, pero no creo que lo vayan a hacer tan mal como para demonizarlos de antemano. Pero sobre todo, no soy pesimista porque al final del día, uno siempre termina rascándose con sus propias uñas. Lo importante ahora, entonces, es que no venga alguien y te las corte.
Claro, hace nueve meses atrás, el acto me habría interesado lo mismo que a cualquier ciudadana que quiere tener plena libertad para decidir qué hacer con sus capacidades reproductivas, y punto. Pero el hecho es que desde hace nueve meses soy funcionaria pública, así que de alguna manera sentía que tenía que estar ahí. No porque tenga alguna filiación política con alguno de los partidos de la Concertación: de hecho, durante toda la campaña, me negué a participar en los puerta a puerta y los banderazos, defendiendo a mango mi independencia política. Pero tampoco tengo cercanía con la Alianza: cómo podría, por algo estoy donde estoy. Me ha gustado la gestión de la Bachelet, ella me cae profundamente bien; y por oposición, Piñera me produce una enorme desconfianza, y me da mucha pena (e incluso un poco de vergüenza) que él vaya a ser la cara más visible del país por los próximos cuatro años.
En fin, retomando: Ahí figuraba yo, en el Patio de Los Cañones, viendo un desfile impresionante de caras de congoja. Sobre el estrado, Viera Gallo, la Mónica Jiménez y el ministro de Salud; en primera fila el resto del gabinete y algunos parlamentarios de la Concerta. Por ahí apareció Carolina Tohá, "mi jefa" hasta hace algunos meses atrás, y fue recibida con aplausos. Pero a la que todos esperábamos era a la Presi: porque de alguna manera, el acto se transformó, desde mi punto de vista, en una manera de consolarse por la derrota, y de comenzar a despedir en grande a la Bachelet.
Algunos echaban la talla y decían que aquello se había transformado en un verdadero funeral. Y de alguna manera así era: no tanto porque se hubiese muerto algo o alguien importante o muy querido (al menos no para mí), sino que porque por todas partes veía abrazos de contención, de compañerismo, de lamentar la pena o la rabia colectiva. Por cierto que también había perfiles orgullosos pavoneándose, y gente que mordía el polvo de mala gana; pero lo que más me llegó fue esa sensación de gente que ha construído algo en conjunto, y que ahora se lamenta de tener que pasarle ese logro, ese proyecto o ese trabajo, a alguien más (Estoy pensando en la gente que luchó por el regreso de la democracia, en los que de verdad defendían el proyecto de la Concertación, no en los que sólo se dedicaron a prosperar).
La Presi - de azul eléctrico y perfectamente peinada - fue aplaudida con ganas, pero no desaforadamente (así de notorio era el desánimo). Pensé entonces en la tremenda carga simbólica del acto: qué podría ser más femenino en el primer gobierno femenino de Chile, que promulgar una ley sobre derechos reproductivos; y al día siguiente de una derrota electoral. Se logró, finalmente, aunque la píldora para éste día después resultara muy, muy amarga para muchos.
No podía ser más preciso para pasar de una etapa a otra, de un período en el que, como la misma Bachelet dijo, se había luchado principalmente por la libertad y la igualdad; a otro en el que... bueno, quién sabe qué va a pasar.
No soy pesimista respecto al nuevo gobierno: no confío en ellos, pero no creo que lo vayan a hacer tan mal como para demonizarlos de antemano. Pero sobre todo, no soy pesimista porque al final del día, uno siempre termina rascándose con sus propias uñas. Lo importante ahora, entonces, es que no venga alguien y te las corte.
diciembre 28, 2009
Balance de fin de año (A propósito de primeras veces...)
Y ahí figuraba yo: el pelo tieso de laca, tomado en una cola enana y con un postizo encima - en forma de tomate - que podría haber ganado la Bienal de Arquitectura de tanta horquilla que tenía. Coronita de gasa con florcitas, malla, falda, panties blancas y zapatillas de ballet (de ensayo, no de punta, no estoy tan loca). Estucada como nunca en la vida, la boca bien roja, con sombra verde en los ojos y unas líneas gigantescas a lo Cleopatra, lista para salir a escena al ritmo de la Danza Rusa del Cascanueces.
La explicación de semejante cuadro surrealista se remonta a fines de septiembre, cuando decidí que tomar clases de ballet podía ser una bella forma de volver a hacer ejercicio alguna vez en la vida. Tres meses después, la raya para la suma es que, aunque tengo buen oído, sigo el ritmo y aprendo coreografías, no tengo la elongación que se requiere para ser bailarina. Y que tuve que perder enormes cuotas de pudor para disfrazarme de esa manera y bailar frente al público. Pero la verdad es que estoy feliz.
Pasa que este año estuvo lleno de nuevas experiencias, de cambiar de rumbo, de hacer cosas distintas. Comenzando por la pega: después de años en el mundo radial, y con cuatro meses de cesantía de por medio, acepté ingresar al servicio público y cambié las pautas, los libretos y la locución, por el seguimiento de medios, las minutas y los temas políticos. Salvo por ese último punto (y porque nunca tuve en cuenta que estábamos en año electoral, con todo lo que eso implica), diría que el cambio fue sorprendentemente interesante, especialmente porque tuvo una enorme cuota de aprendizaje, ha implicado reconocimiento, me permitió recuperar mi estabilidad (monetaria y de la otra) y aún mejor, hacer planes. Además entendí que, al menos en mi caso, es mejor trabajar en algo que no me apasione tanto, que no implique involucrarse tanto emocionalmente.
A mediados de año, y para no caer en la rutina del nuevo trabajo, me dio por hacer un curso express de italiano: cuatro clases en el Café Literario, con Michela (léase "Miquéla"), toscana de tomo y lomo, simpatiquísima y con ese garbo que tienen las italianas, sean o no bellas como estatua romana. Michela hacía la clase completa en su idioma natal, y para mi sorpresa, le entendía bastante. No quedé como para engrupirme a un italiano (aunque ganas no me faltan), pero aprendí las diferencias básicas de pronunciación respecto al español, palabras importantes ("io sono giornalista e lavoro per il governo"), algunas cosillas sobre el país, y la letra de una canción de Jovanotti que no conocía, pero me encantó!!! Ah, y mi sobrina se mata de la risa cuando le digo "mia nipota". Así que lo próximo tal vez sea portugués express, aunque si ando bien de los bolsillos, puede que me aventure con más clases de italiano, perche mi piace molto.
Luego vino lo del ballet: el dolor hasta en las glándulas sudoríparas después de la primera clase, tanto que estuve dos días con antiinflamatorios (eran varios años de sedentarismo), superar la vergüenza de parecer Terminator al lado de mis gráciles y menudas compañeritas, comprar ropa deportiva (ajustada, joder), aprender a levantarme más temprano los sábados, estrenar moretones en las rodillas (bautizados como "Casca" y "Nueces"); comprarme un postizo para el pelo, pinches, horquillas, malla y panties; y sentir mariposas en la guata antes de salir a escena. Pero también implicó conocer a un grupo de chicas (y no tan chicas) increíbles, demasiado simpáticas, cada una con historias muy diversas; y la posibilidad de desenchufarse por completo del mundo por una hora y media, dos veces a la semana. Porque en la sala de ensayo, de verdad que el estrés, la pega, las preocupaciones, el sueño, la pena y el mal humor quedan afuera.
Pero diría que la más importante de todas las cosas nuevas que hice este año fue dejar de lado una pésima costumbre: la de bloquear y no hacerle caso a mis dolores, pérdidas, frustraciones, rabias e impotencias; las de ahora y las de hace mucho, pero mucho tiempo. Las que intuía y las que ni siquiera imaginaba que podían estar ahí. Es raro llorar a mares por cosas que pasaron hace tanto tiempo, uno se pregunta si de verdad es necesario; pero ahora entiendo que es aún más raro no llorar cuando se supone que deberías hacerlo.
En fin. El escenario de aquí para adelante es incierto: elecciones mediante, no sé si tendré pega el próximo año, o si tendré que comenzar a buscar nuevamente. Me da una lata infinita que las cosas que quiero hacer dependan de eso, pero al menos ahora tengo una lista de cosas que quiero hacer (a diferencia del año pasado). Y mirando para atrás, en realidad ya comencé a hacer algunas de las cosas que quería hacer. Así que por ahora, con eso estoy más que satisfecha.
septiembre 07, 2009
La Princesa Azul
Ya, está bien. Después de tamaño despliegue de ira feminista, siento que tengo que reivindicarme. A mi favor sólo diré que un arranque de rabia lo tiene cualquiera (aunque no todos los postean en sus blogs). La verdad es que no soy esa criatura iracunda y castradora de hombres, o al menos no la mayor parte de las veces. Es sólo que me molesta que ciertas personas la miren a una como si fuera marciana, sólo por el hecho de no tener pareja; y me perturba la idea de tener que esconder ciertas cosas de mí misma para resultar más atractiva y tener más posibilidades.Anyway... Hubo un tiempo - hace MUCHO tiempo - en el que no tenía estas preocupaciones ni incomodidades, y caminaba feliz en mi nubecita de amor. Y de aquel entonces, asomó hace poco un recuerdo que me hizo pensar...
Era Navidad y llevábamos un par de semanas de pololeo: él llegó con su regalo, y con una pequeña tarjeta en cartulina azul, en la que había citado parte de un libro. El fragmento rezaba así:
"Nos nos miramos a los ojos, queríamos alargar los momentos previos, no había que apresurar nada... tantos milenios habíamos esperado ya... Hice una reverencia a la que ella respondió sutilmente; entré, nos comunicamos, pero no con palabras, hubiera sido demasiado vulgar, poco armonioso con ese mundo y con aquel encuentro tan anhelado. Nuestro lenguaje consistió en un ritual artístico de leves movimientos de brazos, manos o dedos, acompañados de algún sentimiento que proyectábamos vibratoriamente. Cuando el lenguaje hablado es insuficiente, el amor nos pide otras formas de comunicación..."
Como cualquier chica enamorada, me brillaron los ojitos, y me sorprendí cuando leí que el fragmento era de "Ami, el Niño de las Estrellas". No había leído el libro, pero tenía entendido que era más bien para niños, no una novela romántica. Cuando me decidí a leerlo y llegué a esa parte, me emocioné más todavía: es el capítulo en el que Pedrito, el protagonista, está conversando con Ami sobre el amor, y llegan a un planeta equis. Y desde el primer momento, Pedrito siente que está ahí para encontrarse con alguien a quien no había visto nunca, pero que sentía muy cercana.
"Era una hermosa mujer de facciones orientales y piel de un azul claro. Cabellos muy negros con partidura al centro. Tenía un lunar en medio de la frente. Sentí mucho amor por ella, y ella por mí. Llegaba el momento culminante. Acerqué mis manos a las suyas... y todo desapareció. Estaba junto a Ami, en la nave, la neblina luminosa y blanca indicaba que nos íbamos de aquel mundo".
Snif... ¡Yo era su Princesa Azul! No podía haber sido más romántico. Pero todo en la vida tiene fecha de vencimiento, incluso las mejores experiencias; y cuando esa historia terminó, lo único que quise conservar de él fue esa tarjetita con el fragmento de "Ami".
El problema fue que no pude despegarme de esa experiencia durante un laaargo período, y seguí buscando a esa persona a través de otras personas. Hasta que caí en la cuenta de que, así como yo me niego a ser medida con la vara de una futura esposa, o futura madre de familia o futura mujer-que-va-a-reparar-un-corazón-roto; tampoco puedo cargar a nadie con la responsabilidad de ser la nueva versión de "Pedrito".
Ya fui la Princesa Azul de alguien: tal vez volveré a ser princesa, pero ya no azul; o tal vez ahora voy a ser la Plebeya Azul. Y de cualquier manera va a estar bien.
"Nos nos miramos a los ojos, queríamos alargar los momentos previos, no había que apresurar nada... tantos milenios habíamos esperado ya... Hice una reverencia a la que ella respondió sutilmente; entré, nos comunicamos, pero no con palabras, hubiera sido demasiado vulgar, poco armonioso con ese mundo y con aquel encuentro tan anhelado. Nuestro lenguaje consistió en un ritual artístico de leves movimientos de brazos, manos o dedos, acompañados de algún sentimiento que proyectábamos vibratoriamente. Cuando el lenguaje hablado es insuficiente, el amor nos pide otras formas de comunicación..."
Como cualquier chica enamorada, me brillaron los ojitos, y me sorprendí cuando leí que el fragmento era de "Ami, el Niño de las Estrellas". No había leído el libro, pero tenía entendido que era más bien para niños, no una novela romántica. Cuando me decidí a leerlo y llegué a esa parte, me emocioné más todavía: es el capítulo en el que Pedrito, el protagonista, está conversando con Ami sobre el amor, y llegan a un planeta equis. Y desde el primer momento, Pedrito siente que está ahí para encontrarse con alguien a quien no había visto nunca, pero que sentía muy cercana.
"Era una hermosa mujer de facciones orientales y piel de un azul claro. Cabellos muy negros con partidura al centro. Tenía un lunar en medio de la frente. Sentí mucho amor por ella, y ella por mí. Llegaba el momento culminante. Acerqué mis manos a las suyas... y todo desapareció. Estaba junto a Ami, en la nave, la neblina luminosa y blanca indicaba que nos íbamos de aquel mundo".
Snif... ¡Yo era su Princesa Azul! No podía haber sido más romántico. Pero todo en la vida tiene fecha de vencimiento, incluso las mejores experiencias; y cuando esa historia terminó, lo único que quise conservar de él fue esa tarjetita con el fragmento de "Ami".
El problema fue que no pude despegarme de esa experiencia durante un laaargo período, y seguí buscando a esa persona a través de otras personas. Hasta que caí en la cuenta de que, así como yo me niego a ser medida con la vara de una futura esposa, o futura madre de familia o futura mujer-que-va-a-reparar-un-corazón-roto; tampoco puedo cargar a nadie con la responsabilidad de ser la nueva versión de "Pedrito".
Ya fui la Princesa Azul de alguien: tal vez volveré a ser princesa, pero ya no azul; o tal vez ahora voy a ser la Plebeya Azul. Y de cualquier manera va a estar bien.
septiembre 03, 2009
Chica Superpoderosa
No, gracias. No necesito que me abras la puerta del auto, o me acomodes la silla.No te voy a pedir ayuda para arreglar el computador; posiblemente trate de
solucionarlo yo sola, y si me quedo corta, te preguntaré.
De hecho, en general trataré de no pedirte ayuda, y me las arreglaré solita la mayor parte del tiempo.
No sé cocinar, y me carga hacer el aseo.
Me gusta ver fútbol, y es posible que quiera acompañarte a ver el partido con tus amigos en vez de quedarme en casa.
Me encanta el cine, y trataría de impresionarte con comentarios sobre planos, encuadres, ángulos, filtros y fotografía.
No me quiero casar, ni sueño con una gran fiesta de matrimonio: de sólo pensar en los preparativos, ya me estreso.
Tampoco sueño con hijos correteando por la casa. Si llegara a querer uno, probablemente lo adoptaría.
Si me tiras una talla pesada, te la voy a responder.
Si tus chistes no me hacen reír, no voy a fingir una risa, te voy a decir que eres fome en tu cara.
Me río fuerte, con escándalo.
No fumo, no tomo, y me cargan los curados.
Cuando duermo mal, soy insoportable. Igual que las guaguas.
Si digo que no, no insistas, que será peor.
Cuando estoy muy estresada, lo único que quiero es estar sola un rato.
No me gusta la ropa interior de encaje, pica mucho. Y si tus amigos no me caen bien, no voy a hacerme la simpática con ellos...
Así que... ¿Todavía quieres invitarme a salir?
agosto 26, 2009
La pareja de siempre
Él se mostró sorprendido. "A nosotras nos afectó mucho que ustedes dos pelearan. Y sobre todo que ella actuara como niñita de quince... Pero tú también deberías haber aclarado las cosas antes, y no quedarte callado ¡Llevan tanto tiempo juntos y ahora están teniendo este tipo de peleas!". Tenía que decírselo, sobre todo porque me habían encargado que lo hiciera, aprovechando que ella estaba de viaje.Él estuvo de acuerdo. Pero aún venía la segunda parte, la parte entretenida: "Así que la idea que tenemos nosotras es que cuando vayan al concierto al que los invitamos, vayan como la pareja que nosotras hemos conocido desde siempre, con todas las de la ley. Nosotras les regalamos los anillos".
Se sorprendió nuevamente, y se emocionó. Claro, probablemente él nunca habría podido planear una sorpresa así - concierto romántico y regalo, dos por uno - pero para eso estábamos nosotras. Así que aceptó ser nuestro cómplice, guardó el secreto, fue al joyero, se tomó la medida, consiguió la de ella, y durante un par de semanas hizo como si nada pasara.
Finalmente llegó el día, y yo me moría por ver la escena. Pero él prefirió que fuera un momento sólo para dos, así que esperó hasta estar en pleno concierto. Y en medio de una canción, le mostró la cajita con las argollas. Ella lloró - nos contó después - no sabía muy bien qué estaba pasando; y él compartió su alegría con una señora anónima que estaba sentada cerca de ellos, que los abrazó y los felicitó.
Llegaron a la casa felices, mostrando las nuevas adquisiciones. Y nosotras fuimos profundamente felices de verlos felices. Y porque nos sentimos como con el deber cumplido: obvio, son nuestro padres y están casados hace más de 40 años ¡¡¡Cómo iban a andar sin sus argollas de matrimonio!!!
Se sorprendió nuevamente, y se emocionó. Claro, probablemente él nunca habría podido planear una sorpresa así - concierto romántico y regalo, dos por uno - pero para eso estábamos nosotras. Así que aceptó ser nuestro cómplice, guardó el secreto, fue al joyero, se tomó la medida, consiguió la de ella, y durante un par de semanas hizo como si nada pasara.
Finalmente llegó el día, y yo me moría por ver la escena. Pero él prefirió que fuera un momento sólo para dos, así que esperó hasta estar en pleno concierto. Y en medio de una canción, le mostró la cajita con las argollas. Ella lloró - nos contó después - no sabía muy bien qué estaba pasando; y él compartió su alegría con una señora anónima que estaba sentada cerca de ellos, que los abrazó y los felicitó.
Llegaron a la casa felices, mostrando las nuevas adquisiciones. Y nosotras fuimos profundamente felices de verlos felices. Y porque nos sentimos como con el deber cumplido: obvio, son nuestro padres y están casados hace más de 40 años ¡¡¡Cómo iban a andar sin sus argollas de matrimonio!!!
agosto 24, 2009
Pendejus Engrupidus
Sábado, pasada la una de la tarde, dopo la mia lezione d'italiano (ejem...). Iba caminando hacia el metro Baquedano por el Parque Balmaceda, cuando a lo lejos diviso a un grupo de pendex Sub 18 o Sub 20. Habitualmente la fauna adolescente que se ve por esos lados obedece más bien al perfil pokemón-emo-tribudemoda, pero éstos eran distintos: andaban con túnicas largas, negras, con detalles en rojo y amarillo, o en verde y gris. Tenían unas varas como de metro setenta o metro ochenta de alto, con un aro en la punta y por ahí se asomaba una pelota de fútbol... "Es broma", pensé, "¿Será?"... Efectivamente ¡Los lolitos estaban por iniciar un partido de quidditch!Para los no iniciados en el mundo de Harry Potter, el quidditch es el deporte más popular entre los magos, la "pasión de multitudes" en las tierras del abracadabra. Y éstos chicos (ni tan chicos) se aprestaban a jugarlo, claro que con los pies tocando el suelo, y no a metros de altura, volando sobre escobas.
Me habría quedado ahí parada para mirarlos, pero me entró pudor porque de repente advertí que me miraban con cara de "¿Ella vendrá a jugar también"?. Obvio, justo ese día se me había ocurrido ponerme mi bufanda de Gryffindor (la "casa" a la que pertenece Harry Potter, algo así como una fraternidad de universidad gringa), y el rojo mezclado con el amarillo no pasa precisamente piola.
Así que apuré el paso pensando "Olvídenlo, pendejus engrupidus, tengo como diez años más que ustedes. Definitivamente yo no soy de los suyos". De hecho, mi entusiasmo por la saga y las pelis llegó sólo hasta la bufanda; no voy disfrazada a las avant premiéres, y con suerte recuerdo algunos de los términos del universo harrypotteriano.
¿Será que después de todo, fui muy fome cuando chica? Porque o sea, cuando estaba en el colegio me gustaba Sailor Moon pero no andaba de faldita y look marinero por la vida; también me gustaron los Caballeros del Zodíaco y nunca usé armadura. Reconozco que también me creí Cheetara y andaba echándole carreras a todo el mundo, pero jamás disfrazada.
Qué onda estos lolitos. Igual me caen mejor que los pokemones, porque por último leen libros de más de doscientas páginas y entre comillas, están haciendo deporte. Pero no sé... ¡Es que si no juegan con escobas voladoras, encuentro que no vale!
noviembre 13, 2008
Sochastacht!!!
Hay una palabra en gaélico (irlandés moderno, la versión 2.0 de la lengua de los celtas) que podría resumir lo que me ha estado pasando en los últimos meses: "sochastacht", "feliz complejidad", o el amor por las situaciones o circunstancias complejas, como símbolo de energía, de los cruces entre los diversos mundos o planos que componen nuestra realidad. El último año, para mí, ha sido "sochastacht" con mayúsculas, un impresionante juego de suma y resta; y la verdad es que no pretendía hacer un balance sino hasta la fecha en la que todo el mundo los hace......Pero qué diablos! Al menos para mí, el año terminó... espero... Por dónde empiezo? Desde lo más reciente, como buena periodista: ayer me anunciaron que "por necesidades de la empresa", debían echarme. Mi jefe lamentó tener que hacerlo, porque consideró que mi trabajo había sido muy satisfactorio, y eso me dejó un poco más tranquila porque durante todos estos nueve meses (sí, un embarazo completito...) constantemente tuve la sensación de estar sólo a prueba. ¿Cuál es la parte "sochastacht" de todo esto? Dos días atrás, finalmente puse en línea mi sitio de cine... MI sitio de cine, creado sólo por mí y por Mr. Martins, el novio de mi amiga Andrea, que tuvo una maravillosa disposición y la suficiente paciencia como para plasmar en la web lo que yo quería. Durante estos dos días estuve craneándomelas para compatibilizar la radio con el sitio; y ahora resulta que voy a tener todo el tiempo del mundo para dedicarme a mi querido proyecto.
Y antes de eso... Uf, vuelvo atrás: a fines de noviembre del año pasado perdí una hermana, y con eso perdí la cordura, las ganas de vivir y mucha plata en psicólogo. Pero gané la certeza de que ella ahora está más cerca de mí que nunca antes, y la certeza de que soy una persona muy afortunada, porque tengo a mi alrededor a un montón de gente maravillosa - amigos, compañeros, familiares recuperados - que ha estado conmigo todo este tiempo y que tienen más fe en mí de la que yo imaginaba, de la que yo misma me he tenido en toda mi vida. Además, volví a conectarme con mi familia; a apreciarlos por lo que son: más que mi mamá, mi papá, mi hermana, mi hermano, sobrinas o sobrino, son personas realmente increíbles; y uno pierde esa perspectiva al estar tan cerca de ellos todos los días.
Siguiendo con el recuento, en diciembre perdí el programa de radio que finalmente me había hecho sentir completamente satisfecha con mi trabajo; pero gané experiencia, y la entrada a una empresa más grande. Aunque fue difícil: nunca había sido más cierto para mí aquello de "empezar de cero". Porque al principio, perdí autocontrol, tranquilidad y seguridad; pero al final, gané conocimiento y más aguante... además de excelentes datos de masajes de relajación, que se han vuelto casi una necesidad.
En materia social, perdí el contacto con una amiga de años, por asuntos que al menos para mí, no vale la pena recordar. Eso me dejó otra cicatriz más en el corazoncito, pero a cambio recuperé la cercanía con amigos entrañables, y pude conocer un poco más a personas que hasta hace un par de meses atrás eran sólo compañeros de trabajo.
También perdí la disponibilidad de tiempo para escribir: en papel y en el blog. Pero justo cuando me dí cuenta de lo botado que tenía mi Caldero, y fui a actualizarlo, me topé con un comentario que terminó transformándose en una historia entretenidísima: conocí a Anne, esposa del bajista de Mars Volta, que se tuvo que quedar en Chile por un día luego de que la banda actuara en el festival Santiago Urbano. Fui gratis al concierto, con cinco amigos de las más diversas procedencias; tuvimos acceso a backstage, y vimos a Kaiser Chiefs, Mars Volta y REM (R-E-M!!!) desde cancha VIP... ¿Increíble? ESPECTACULAR!!! Un episodio completamente surrealista y groupie; definitivamente el tipo de cosa que le cuentas a tus sobrinos, hijos, nietos y a todo el que quiera escuchar la historia. Y al día siguiente, pude conversar un poco más con Anne, conocer algo de ella, aprender de su punto de vista estadounidense, practicar inglés, mostrarle mi ciudad, etc. Lo mejor de todo esto para mí, aparte de la experiencia, fue poder compartir ese momento Kodak con más personas; y ver cóomo Carol casi lloraba de la emoción con REM, y cómo Nico no podía salir de su asombro. Yo creo que ni el Viejo Pascuero se siente tan bien cuando entrega los regalos de Navidad.
Tal vez lo único en lo que no gané ni perdí fue en los "asuntos del corazón". Sigo igual de sempiternamente soltera que el año pasado, pero con varias lecciones aprendidas: definitivamente, no hay que esperar demasiado de las personas; de los hombres en este caso. No por aquello de que "son todos iguales", porque no es cierto y es odioso afirmarlo; sino que porque es mejor no esperar nada. Cuando una apuesta todas sus fichas a una persona, se arriesga seriamente a quedar en bancarrota emocional.
Y lo otro que aprendí es que soy de las que necesita atención; de las que le carga no estar dentro de los primeros lugares en la lista de prioridades, de las que odia quedar relegada por el trabajo, los estudios, los amigos o la religión. Lo único por lo que aguanto ser postergada es por la familia; probablemente porque yo también mandaría todo a la punta del cerro - pololo incluído - si hay problemas en casa. Tampoco es que me enoje o me ponga bruja si alguien no se puede juntar conmigo porque tiene que estudiar para un examen, o porque tiene acumulación de pega a fin de mes; lo que me carga es sentir que no hay un esfuerzo por hacerme espacio en la agenda. ¿Estoy sonando muy drástica? Bueno, he tenido bastante tiempo para definir qué quiero y qué no quiero en una relación.
Así que, volviendo al principio ¡Dios bendiga a los irlandeses por su forma de ver la vida! Porque cuando pasas por tantos ires y venires, finalmente logras verlos en perspectiva y apreciarlos como "felices complejidades". ¡"Sochastacht" por eso!
octubre 24, 2008
septiembre 11, 2008
A propósito de una goleada
Me gusta el fútbol, pero no soy una experta, por lo que esto podría calificar como "comentario de mina"... Aunque con capacidad de análisis y buen uso del lenguaje. Esta opinión es la de una persona que mantiene la distancia suficiente como para no ser demasiado hincha, y a la que los triunfos o derrotas de la Selección no le condicionan el estado de ánimo (vale decir que no voy al estadio a no ser que sea el partido del siglo, o si me invitan; no me vuelvo loca por comprar entradas, no participo en concursos y no salgo a celebrar a Plaza Italia). O sea, yo vendría a ser algo así como un hincha pasivo.De partida, hay cosas que no entiendo, como por ejemplo, lo que alguien llamó - muy acertadamente - "la bipolaridad del hincha chileno", que básicamente se traduce en "te alentamos en la previa, te hacemos bolsa si pierdes, te endiosamos si ganas; y si empatas, la reacción dependerá de a quién le empates". Y lo otro que no entiendo es cómo un equipo al que le pasaron tres goles y lo humillaron por triunfalista, gana por goleada tres días después ¿Tienen que basurearlos para que reaccionen?
Pero lo de la bipolaridad es lejos lo que más me molesta. Entiendo que el fútbol es un asunto de pasiones, pero ¿Cómo no van a medir los comentarios y no agrandar o patear en el suelo a los jugadores, sin medias tintas?
Hay que pensar, por ejemplo, que estamos hablando de un equipo que se junta cada cierta cantidad de meses, y que cada vez que se junta, es muy posible que hayan cambiado buena parte de los integrantes Así que ¿De qué continuidad estamos hablando?
Ya, está bien, todas las selecciones del mundo operan igual, y les va mucho mejor... Peeero, estamos hablando de una selección cuyo mejor referente es un tercer lugar hace más de cuarenta años, un par de cuartos de final o semifinales cada cinco o diez años, una medalla de bronce en unas Olimpíadas y puras promesas en las divisiones inferiores.
No somos buenos para el fútbol, estamos dentro de la media (como en muchas cosas), pero aún así todas las versiones de la Selección han cargado con el peso de tener que ser las que finalmente logren un triunfo grande, presión que viene tanto de la hinchada como de la prensa. Por lo que no me extraña que los jugadores pasen de pensar que efectivamente son los elegidos, a creer que no tienen por qué serlo.
Y si a eso le sumamos que recién ahora se revirtió aquello de que la mayoría de los integrantes de la Roja jugaba en Chile (lo que no les daba un nivel internacional de competición), al menos yo entiendo por qué todavía les cuesta tanto jugar para ganar, que es como siempre (independiente del rival que tengan enfrente) deberían hacerlo.
Por lo tanto, dejen en paz un rato a los pobres cabros. Es como lo que pasa (creo) con los hijos que no salen tan talentosos como uno quisiera: hay que aplaudirlos cuando logran algo importante, pero apoyarlos igual si fallan... Incondicionalidad, creo que le llaman. Y hay que ver los efectos que provoca.
septiembre 04, 2008
¿Cómo dice que dijo?: Canciones de los noventa
Paulix dice: tengo ganas de ir a una fiesta de los noventa...Ale dice: y qué tocan en esas fiestas? Jovanotti y eso?
Paulix dice: claro... tengo ganas de bailar el warisló
Ale dice: el warisló? Ay Paula, hoy día no ando muy astuta con tus términos...
Paulix dice: el warisló poh Ale! "Warisló, beibi dont jort mi, dont jort mi, nou mor"...
Ale dice: jajajajajajajajajajajajajaja
(sostenido, y con lagrimones, y luego)
Ale dice: wuouwouwouoo...
Paulix dice: jajajajajajaja... No cachabai el warisló? Es notable, y hay otras más.
Dicho y hecho. Sólo ese comentario fue suficiente para que nos enfrascáramos en un entretenido recuento de esas canciones de los noventa con un coro indescifrable, a prueba de inglés-de-liceo-con-número, pero que uno cantaba igual, descaradamente. Así que a continuación, un breve diccionario de las que pudimos recordar, comenzando por la ya citada:
- El Warisló: "What is love", Haddaway - 1993: Dejando de lado el hecho de que el título chilenizado suena muy flaite, la canción es re buena. Hay una película, "Los hermanos Butabi", que es malísima, los tipos son unos loosers de marca mayor, y la única gracia que tienen es que esta canción es su himno discotequero de batalla; la escuchan y se ponen a bailar inevitablemente. Son MUY graciosos.
- El Wacheketere: "Chiquetere", Rafa Villalba - 1995: Es la canción abuela del "Aserejé". Inevitablemente me lleva a recordar a Hernán Hevia disfrazado de "er Guille", haciendo su clásico pasito... lo único bueno que ese hombre hizo en televisión, hay que decirlo. Porque además logró que todo el mundo anduviera haciendo la misma gracia en las fiestas.
- El Werdoyugóu: "Where do you go", No Mercy - 1996: Como si no fuera suficiente con que la canción fuera malísima, más encima ahora descubro que era un cover!!! El tema original es de 1969, probablemente es mejor que la de los noventa; y aún si no lo es, este grupo le hizo un flaco favor. Estuvieron en Viña, y cantaron como tres canciones: ésta, otra más y la primera de nuevo, pero en español. Lo peor era cuando mezclaban las dos versiones: "Where do you go... adónde"... qué fue eso.
- El Alalalalalón: "Sweat (a lala lala long)", Inner Circle - 1993: Puuuro relajo... era como para cuando empezaba la fiesta, antes de que a ti se te soltaran las trenzas bailando, o de que a tus amigos se les pasara la mano con la cerveza y empezaran a dar jugo. O sea, canción de warming up, que le llaman.
- El Awelaeh: "Awillawillawillahey", Dr. Alban - 1994: Siií!!! Se llamaba así!!! Los que se avergonzaban de no saber qué diablos quería decir la canción, ya pueden dormir tranquilos, porque no significaba ni un cuerno. Ni siquiera si finalmente logras saberte la letra, porque mi tío era un nigeriano, avecindado en Suecia y cantando en inglés, así que sus letras eran peores que los poemas que Tarzán le escribía a Jane... o sssea! Pero igual, si no la bailabas, al menos te hacía reír.
- El Pómpirap: "Pump up the jam", Technotronic - 1989: Aquí me anduve pasando un pelín en la década, pero creo que la concesión vale porque todo el mundo cantaba esta canción a voz en cuello, pero nadie le apuntaba a lo que decía. Para el caso daba lo mismo, porque no era precisamente una crítica social o un himno a la paz mundial... Recuerdo haber tenido el cassette pirateado, con la carátula fotocopiada, y pintada a mano con colores fosforescentes... sí, obvio que lo retrocedía con el lápiz Bic ¿Quién no? Las pilas eran caras.
- El Enomanoio: "Non manoio", Jovanotti - 1993: Esta canción está asociada a un recuerdo específico: Mi primer y único año en colegio mixto. Desde el Jardín Infantil que no pasaba más de cinco horas con un hombre de mi edad al lado, y en plena adolescencia; así que imagínense la cantidad de torpezas cometidas por exceso de producción hormonal. Pero además, fue mi primer intento por pertenecer al "Grupo Alfa" del curso: Había una chica que hacía un pasito especial con esta canción, y éramos muy pocas las secas que podíamos hacerlo. Por suerte, dejé de andar haciendo pasitos como en Tercero Medio, justo a tiempo para dedicarme a terminar bien el colegio.
Bueno, también había éxitos en español, pero esos sí que eran vergonzosos: con la vista baja debo confesar que bailé "Ritmo de la noche" de The Sacados, "Saltando sin Parar" de King África, y varias de El General... Sólo puedo decir que cuando eres adolescente, no piensas en que tus acciones te puede pesar ya de grande, porque lo único que te importa es andar gritando "¡Quiénes son las reinas de la noche! ¡Nosotraaas!".
agosto 26, 2008
Sanfic 2008
Cuando me enteré de que iba a haber un festival de cine en Santiago, fui la mujer más feliz del mundo. Claro, no me había podido acreditar nunca para ir al de Valdivia o al de Viña, así que esta era mi oportunidad.Tres años después, mi idilio con Sanfic continúa. Le soy completamente fiel: aunque este año no me hayan querido dar acreditación (porque las radios no tienen prioridad para esos efectos), y por tanto haya tenido que pagar mi entrada como cualquier mortal; aunque no haya alcanzado a ver ni la mitad de lo que quería ver, y aunque cada año me pegue más de un guatazo con alguna peli.
Aunque tengo que reconocer que este año la oferta estuvo notable. Cuando tuve la programación en mis manos, había al menos una película por día que yo quería (y podía, por horario) ver; cosa que no pasaba en años anteriores. Además, hay más sedes (aunque las mejores cintas las siguen dando en La Reina).
Pero bueno, finalmente fui, y alcancé a ver tres películas (una cifra vergonzosa, considerando mis marcas de años anteriores), que paso a reseñar:
- Die welle (La Ola, Alemania): Más de alguno se ha preguntado alguna vez si sería posible que en Alemania se repitiera una dictadura como la de Hitler. Bueno, esta película ofrece una posible respuesta. Va sobre un profesor de liceo al que le encargan un proyecto de una semana de duración, centrado en un tipo de gobierno. Contra su voluntad le toca la autocracia (a.k.a. dictadura), y cuando comienza a explicarles la temática a los alumnos, los pendex le dicen (léase con voz de pingüino shilensis): "Chiaaa profe, terrible de pasao. Otra e' con er mismo cueeento poh, si ya tamo shato, ya no sabimos de mimoria la custión". "Ah ya" les dice el profe, "o sea que ustedes no creen que algo así pueda volver a pasar en Alemania... OK, les propongo algo: juguemos a que este curso es una autocracia, y a que yo soy la máxima autoridad, así que me tienen que hacer caso en todo". Los chicos aceptan la simulación, y al rato ya están poniéndose de pie cada vez que quieren hablar, cambiando la ropa de calle por uniforme, haciéndose una insignia, poniéndole un nombre al grupo e inventando un saludo del tipo "Heil, Hitler". En resumen, engrupidos totales, prendieron con hielo y rallaron la papa... tanto que al final las cosas escapan del control del profe. Es no-ta-ble, sobre todo porque uno se da cuenta de que cualquier ideología, por más tirada de las mechas que sea, si está planteada de una manera impecablemente lógica y tiene una figura de liderazgo fuerte, se expande súper rápido.
- La mujer sin cabeza (Argentina): Efectivamente, ni la mujer ni la película tienen cabeza. Trata de una dentista que va en su auto de vuelta a la casa y atropella a alguien (no ve a quién, porque la muy pava iba buscando el celular dentro de la cartera). El susto es tan grande que la tipa ni siquiera se baja a ver con qué o con quién chocó, y desde entonces se empieza a comportar extraña;, queda medio ida, si me explico. El asunto es que después de un tiempo, ya no aguanta y le cuenta al marido que cree haber atropellado a alguien, y el marido le dice que se quede tranquila, que probablemente no fue nada y que va a averiguar si se supo sobre algún accidente o alguien que haya muerto el día del incidente. Al final se sabe la verdad, pero todo el mundo opta por barrerla debajo de la alfombra. La lata es que la película se queda más en el estado de shock en el que quedó la tipa, que en las implicancias humanas o sociales que pudo haber tenido el condoro que se mandó. Yo esperaba más, pero si les gustan las películas de reacciones más que de acciones, y con harto silencio, entonces jueguen.
- Cashback (Gran Bretaña): Por argumento, podría ser una comedia romántica más. Pero por personajes, textos y recursos visuales, claramente se sale del montón. El protagonista es un estudiante de arte (Sean Biggerstaff, "Oliver Wood" en Harry Potter... lindo él) al que lo patea su polola y desde entonces, no logra conciliar el sueño. Así que luego de varios días sin dormir, decide aprovechar esas ocho horas extra de vida y entra a trabajar en el turno nocturno de un supermercado (cosa que yo no encuentro provechosa, pero allá él...). Allí se encuentra con un jefe peor que el de todas las "Offices" y "Ofis" juntas, con un trío de compañeros más que disfuncionales, y con una compañera a la que al principio no pesca, pero que después empieza a mirar con otros ojillos. El asunto es que este chiquillo anda con el sueño tan atrasado, que según él, adquiere la capacidad de "congelar" el tiempo (yo he estado con falta de sueño, pero de ahí a adquirir superpoderes...). Y como le gusta pintar, entonces durante el turno se dedica - entre otras cosas - a retratar desnudas a las clientas... sipes, desnudas, porque como las "congela", entonces las desviste, las pinta, las vuelve a vestir y ellas no se dan ni cuenta... A cuántos no les gustaría... No les voy a contar más, sólo les diré que es muy graciosa y romanticona, pero sin caer en la idiotez.
En el tintero me quedaron "Leonera", "Lars and the real girl", "Suddenly last winter", "Crimen y lujuria" (que por suerte va a llegar a cartelera), "Café de los maestros", "La question humaine", "El corazón es un bosque oscuro" y "Nevando voy"... o sea... TODO!!! Buaaa, debí haberme pedido la semana libre y haber acampado en el cine. Pero bueno, si alguien vio alguna y la recomienda o la descarta, bienvenido sea; así ya sé qué buscar en DVD.
- Die welle (La Ola, Alemania): Más de alguno se ha preguntado alguna vez si sería posible que en Alemania se repitiera una dictadura como la de Hitler. Bueno, esta película ofrece una posible respuesta. Va sobre un profesor de liceo al que le encargan un proyecto de una semana de duración, centrado en un tipo de gobierno. Contra su voluntad le toca la autocracia (a.k.a. dictadura), y cuando comienza a explicarles la temática a los alumnos, los pendex le dicen (léase con voz de pingüino shilensis): "Chiaaa profe, terrible de pasao. Otra e' con er mismo cueeento poh, si ya tamo shato, ya no sabimos de mimoria la custión". "Ah ya" les dice el profe, "o sea que ustedes no creen que algo así pueda volver a pasar en Alemania... OK, les propongo algo: juguemos a que este curso es una autocracia, y a que yo soy la máxima autoridad, así que me tienen que hacer caso en todo". Los chicos aceptan la simulación, y al rato ya están poniéndose de pie cada vez que quieren hablar, cambiando la ropa de calle por uniforme, haciéndose una insignia, poniéndole un nombre al grupo e inventando un saludo del tipo "Heil, Hitler". En resumen, engrupidos totales, prendieron con hielo y rallaron la papa... tanto que al final las cosas escapan del control del profe. Es no-ta-ble, sobre todo porque uno se da cuenta de que cualquier ideología, por más tirada de las mechas que sea, si está planteada de una manera impecablemente lógica y tiene una figura de liderazgo fuerte, se expande súper rápido.
- La mujer sin cabeza (Argentina): Efectivamente, ni la mujer ni la película tienen cabeza. Trata de una dentista que va en su auto de vuelta a la casa y atropella a alguien (no ve a quién, porque la muy pava iba buscando el celular dentro de la cartera). El susto es tan grande que la tipa ni siquiera se baja a ver con qué o con quién chocó, y desde entonces se empieza a comportar extraña;, queda medio ida, si me explico. El asunto es que después de un tiempo, ya no aguanta y le cuenta al marido que cree haber atropellado a alguien, y el marido le dice que se quede tranquila, que probablemente no fue nada y que va a averiguar si se supo sobre algún accidente o alguien que haya muerto el día del incidente. Al final se sabe la verdad, pero todo el mundo opta por barrerla debajo de la alfombra. La lata es que la película se queda más en el estado de shock en el que quedó la tipa, que en las implicancias humanas o sociales que pudo haber tenido el condoro que se mandó. Yo esperaba más, pero si les gustan las películas de reacciones más que de acciones, y con harto silencio, entonces jueguen.
- Cashback (Gran Bretaña): Por argumento, podría ser una comedia romántica más. Pero por personajes, textos y recursos visuales, claramente se sale del montón. El protagonista es un estudiante de arte (Sean Biggerstaff, "Oliver Wood" en Harry Potter... lindo él) al que lo patea su polola y desde entonces, no logra conciliar el sueño. Así que luego de varios días sin dormir, decide aprovechar esas ocho horas extra de vida y entra a trabajar en el turno nocturno de un supermercado (cosa que yo no encuentro provechosa, pero allá él...). Allí se encuentra con un jefe peor que el de todas las "Offices" y "Ofis" juntas, con un trío de compañeros más que disfuncionales, y con una compañera a la que al principio no pesca, pero que después empieza a mirar con otros ojillos. El asunto es que este chiquillo anda con el sueño tan atrasado, que según él, adquiere la capacidad de "congelar" el tiempo (yo he estado con falta de sueño, pero de ahí a adquirir superpoderes...). Y como le gusta pintar, entonces durante el turno se dedica - entre otras cosas - a retratar desnudas a las clientas... sipes, desnudas, porque como las "congela", entonces las desviste, las pinta, las vuelve a vestir y ellas no se dan ni cuenta... A cuántos no les gustaría... No les voy a contar más, sólo les diré que es muy graciosa y romanticona, pero sin caer en la idiotez.
En el tintero me quedaron "Leonera", "Lars and the real girl", "Suddenly last winter", "Crimen y lujuria" (que por suerte va a llegar a cartelera), "Café de los maestros", "La question humaine", "El corazón es un bosque oscuro" y "Nevando voy"... o sea... TODO!!! Buaaa, debí haberme pedido la semana libre y haber acampado en el cine. Pero bueno, si alguien vio alguna y la recomienda o la descarta, bienvenido sea; así ya sé qué buscar en DVD.
agosto 18, 2008
La Ciudad de la Lluvia
Quería conocer Valdivia desde hace un buen par de años; desde que vi la clásica postal desde el puente sobre el Calle Calle, fotos de los fuertes, de Mancera y de Corral, etc.; y escuché más de algún comentario sobre lo lindo que era.Y por suerte, hace algún tiempo retomé el contacto con una compañera de colegio que, patiperra ella, se fue a vivir allá. En marzo vino a Santiago, nos juntamos y nos invitó a su casa - a mí y a otras compañeras - aunque yo creo que no pensó que nosotras prenderíamos tan rápido.
El asunto es que el viernes a las ocho de la mañana, luego de viajar toda la noche, estábamos contemplando nuestras primeras panorámicas de Valdivia desde la ventana del bus. Tomamos desayuno con nuestra amiga, copuchamos un buen rato, y nos alistamos para salir a conocer la ciudad. Sabíamos que nos iba a llover: un día, en el mejor de los casos; o todo el fin de semana en el peor de los pronósticos. Pero cuando salimos, no caía ni una gota... No habíamos caminado ni media cuadra, cuando empezó a llover: fueron unos cinco minutos de agua, aunque lo suficientemente intensos como para dejarnos más que salpicadas... Chicas, bienvenidas a Valdivia.
Yo no sé a ustedes, pero a mí viajar me sumerge en un estado mental bien particular y en una dimensión paralela: vives a un ritmo distinto, el paisaje es distinto, haces cosas que habitualmente no haces... Sí, sobre todo haces cosas que habitualmente no haces, como sucumbir a una degustación con las siete variedades de cerveza que ofrecen en la Kunstmann; comerte la mitad de un sándwich del porte de un plato bajo, en la noche tomarte media piña colada (siendo una persona prácticamente abstemia) y terminar cantando en karaoke "A rodar la vida" de Fito Páez. O a la noche siguiente, volver a bailar el "Ilarié" (oh-oh-oh) después de siglos, luego de haberme tomado una vaina bastante fuertona para mis parámetros.
El sábado, "desayunamos" a las dos de la tarde, y partimos al fuerte Niebla. Ya el camino hacia el lugar compensa las lucas del pasaje y la noche entera arriba del bus. Montes llenos, LLENOS de árboles, el camino lleno de árboles, TODO lleno de árboles. Verde por donde miraras, con un frío de la p*ta madre y lluvioso... Extrañamente - digo, para alguien friolenta y que solía odiar la lluvia - me sentía cien por ciento a gusto. Relajada, inspirada, casi en las nubes.
Sobre el fuerte Niebla... primero los descargos: Cómo pueden los visitantes grabar sus nombres en piedras que existían antes de que ellos, sus padres, o sus abuelos, tuvieran siquiera colita? En fin... Niebla también es completamente verde: pasto, árboles, lomas, kilos de florcitas amarillas, una vista despampanante... y un arcoiris maravilloso. Hace mucho tiempo que no veía un arcoiris, así que aproveché de admirarlo desde todos los ángulos posibles.
Y yo que alucino con la antigüedad, la Edad Media y siglos posteriores, me sentía a mis anchas caminando entre los restos de un fuerte español, con sus piedras todas mohosas y los cañones todavía apuntando a invasores inexistentes (aunque con esto de los turistas destrozones, tal vez los cañones deberían hacia adentro del fuerte, ya no hacia el mar).
Después, como a eso de las seis de la tarde, vino el "almuerzo" en la picada de Don Carlitos, atendida por su propio dueño, vestido con una chaqueta amarilla de garzón, y con humita. Ahí logré la odisea de comerme una paila marina de esas que te mandan a dormir siesta.
Ya al día siguiente tocaba despedirse… obviamente con ganas de quedarse por más tiempo (si la dueña de casa nos aguantaba otro poco, eso sí), porque quedó tanto por conocer. Pero bueno, una visita a la Feria Fluvial y al mercado, para comprar los correspondientes regalitos; más la infaltable foto sobre el puente del Calle Calle cerraron mi paso por Valdivia.
Luego, el aeropuerto. Sola, porque mis amigas optaron nuevamente por un viaje en la noche - y sin escalas - a Santiago y sus respectivos trabajos. Yo en realidad prefería llegar a mi casa, volver a la realidad de a poquito y hacer el cambio de switch lentamente. Así que ahí figuraba yo, por primera vez viajando completamente sola en avión, cosa que me encanta, porque desde el aire las cosas son tan distintas… Santiago, por ejemplo, se transforma de noche en un mosaico de lucecitas naranjas, con ríos por los que también corren lucecitas; ya no es la ciudad que aunque te gusta, te cansa por lo atestada y contaminada que está.
Pero en fin, ya estamos de vuelta. Y por cierto, planeando el regreso a Valdivia, o el viaje hacia cualquier otra parte del mundo que te permita desenchufarte un rato y alucinar con la experiencia. Como ahora.
agosto 05, 2008
Daltónica de los pies
Era un día como cualquier otro. Me levanté, apurada como siempre; me lavé todo lo que hay que lavarse, y me vestí debajo del cubrecama, con el scaldasonno prendido, para capear el frío. Bajé las piernas de la cama y a tientas busqué mis zapatillas.Me hice café en mi jarrito térmico y partí rumbo al trabajo. Un viaje sin novedades: los típicos apretones en el metro, las viejujas reclamando porque no les dan el asiento... en fin... nada fuera de lo común.
Bajé del metro y partí al paradero del colectivo. No pasaba. Qué frío, los pies se me estaban helando, y me los miré, como para cerciorarme... Me froté los ojos, limpié los lentes, pero no, estaba viendo bien. O tal vez era un episodio momentáneo de daltonismo. El hecho es que mi zapatilla derecha era perfectamente negra... pero la izquierda era perfectamente café!!!
No me equivocaba de zapatos desde que tenía unos once años. Pero en aquella oportunidad al menos, fue el par completo: unos zapatos azules que eran mis regalones, pero que claramente se veían raros con el uniforme. Así que llamé a la casa y mi abnegada madre tuvo que correr al metro con los zapatos correctos, para que la niña no pasara vergüenza. Pero ahora no podía pedirle lo mismo, porque a diferencia de aquel entonces, habría tenido que atravesar todo Santiago, y bueno, porque ahora tengo bastantes años más.
Así que contuve el ataque de risa - para no parecer "la loquita que se anda riendo sola", además de "la loquita que anda con los zapatos cambiados" - y me subí al colectivo.
Ya en el trabajo, opté por ridiculizarme sola, como para evitar situaciones del tipo: "uuuhhh, mira, ella anda con los zapatos cambiados" o "Paula, no sé si te habías dado cuenta pero...". Incluso afirmé que estaba reviviendo una antigua moda, o que si le había pasado a una ministra, por qué no me podía pasar a mí (Clarisa Hardy, y por lo menos lo mío era una combinación negro-café; la de ella era negro-rosado). Pero por lo demás, siempre digna.
A mi favor, sólo puedo argumentar que aunque me levanto a las seis, en realidad despierto como a las once; o que me visto a media luz, o que siempre ando apurada. En fin, alego demencia su señoría, soy inimputable... y por último, en la variedad está el gusto ¿O no?
julio 27, 2008
¡Mary Rose querida!
Viernes, poco después de las siete. Locación: Plaza Italia, específicamente la esquina de Ramón Carnicer con Providencia.Iba yo caminando hacia Bustamante, y me detuve ante el semáforo en rojo. De pronto miro hacia el frente y ahí estaba: rubia como siempre - porque jamás se le han visto canas - como recién salida de la peluquería, con un escarmenado impoluto, que ya se lo querría cualquier pokemon; enfundada en un abrigo blanco de lana, seguramente cien por ciento natural; con botas negras de charol y sus infaltables perlas en las orejas y el cuello. Ella, Mary Rose, un ícono de la vida social high class; rostro frecuente en las revistas de papel couché; ella, que ha sido aludida tantas veces en mi blog...
- ¡Mary-Rose-MacGill-de-Jarpa! ¡Cómo te va, amorosa! - le digo
- Ay, regio fíjate ¿Y tú como estás, linda? - me responde, siempre tan lady
- Estupendo... Es viernes y acabo de salir del trabajo ¿Qué más se puede pedir?
- No trabajar pues, querida... Yo nunca lo he hecho, para mí siempre es viernes
- Sí lo sé, y no sabes cómo te envidio eso
- Chiquilla no seas lesa, tú no sabes cómo envidio tu juventud. No te imaginas los malabares que hago, y me sigo viendo más arrugada que tú... ¿Será la diferencia de edad? Jajaja...
- Jajaja... no hay caso contigo, siempre con tanto charme... Oye, pero yo tengo que hacerte una pregunta; es sobre un rumor que escuché..
- ¿Sobre mí? Niña, son miles... Es envidia pura. Hay un dicho de lo más pintoresco al respecto oye, que es algo así como "Con esta pinta, con este talle..."
- "No tengo envidia ni miro a nadie..."
- ¡Ese mismo! Qué dije que eres. Ya, dime, cuál de todos los rumores escuchaste
- Ay, es que me da un poco de pudor, linda... me contaron que tú en realidad no tienes un peso, que todo lo que tienes es heredado o son "canjes": diseñadores o joyeros que te regalan ropa para que la que luzcas en un evento, regalos de tus amigos diplomáticos, etc.
Mary Rose me toma del brazo, se acerca a mi oído y me confiesa: "c'est la verité ma chérie... y te voy a decir que todo se reduce en una sola palabra: CON-TAC-TOS. Es el requisito sine qua non de una socialité"
- O sea que es verdad que no tienes un peso...
- Nonononono... Tengo, aunque no te voy a contar de dónde lo saco. Con todas las actividades que tengo, amorosa, gasto mínimo unos cien mil pesos diarios
- Pero si me acuerdo de esa vez en la que para un reportaje te pidieron que intentaras vivir por un día con sólo mil pesos para gastar, y tú te negaste; pero a cambio ofreciste transparentar todos tus gastos
- Ay, gorda...
- No pues Mary Rose, no empecemos con las ofensas...
- I beg you a pardon, darling; la verdad es que te veo de lo más regia... Bueno, ¿En qué estábamos? ¡Ah! En la brutalidad por la que me querían hacer pasar ¡Horror! Y más encima ese día tenía un montón de compromisos: desayuno, almuerzo, once y cena. Te juro que anduve todo el día en auto, mi pobre chofer no daba más
- Bueno y ahora ¿Para dónde vas?
- A ver a la Sinfónica aquí al Teatro de la Universidad de Chile, linda. Hoy dirige Maximiano (Valdés), que me dijo que me mataba si no venía... Lo único malo es que el teatro me queda atroz de lejos, lo mismo que el Municipal...
- A mí me pasa exactamente lo mismo, oye. Bueno, no te retraso más, amorosa. Cuídate mucho
- Adiós regia, juntémonos uno de estos días para un brunch, y así me cuentas más de tu blog oye, me han dicho que es demasiado entretenido
- Qué amorosa. Me parece divino. Ya querida, nos vemos
- Ta-tá...
El semáforo dio luz verde, mi conversación imaginaria terminó y finalmente crucé la calle. Mary Rose pasó por el lado mío y por supuesto, ni siquiera me miró. Por qué iba a hacerlo, en realidad no nos habíamos visto ni en pintura. Y por primera y única vez en nuestras vidas, ella siguió caminando hacia el poniente, mientras yo enfilaba "de Plaza Italia para arriba".
julio 17, 2008
¡Qué nervios me dan los piercings!
En serio ¿Qué les pasa a estos cabros chicos? ¿Cuál es la idea de llenarse de aros hasta en las partes más insólitas del cuerpo? Me acuerdo que cuando estaba en el colegio nos creíamos de lo más valientes por hacernos, entre nosotras mismas, dos y hasta cinco agujeros en la oreja; el colmo del arrojo era ponerse uno en la nariz o en el ombligo, y en la ceja o en la lengua ya eras ídola, demasiao seca galla...Pero ahora... En la sien, en el pómulo, sobre el labio - ya sea en modalidad "lunar coqueto"; o en todo el borde, como remaches - bajo el labio, al medio de la pera, entre las cejas (aaauch), bajo la nariz (a lo toro), y lejos el que encuentro más macabro... en el pecho, mejor si es en el escote, ¡Yiauk! No, hay otros más macabros, los que se ponen en la espalda y que "le llevan" el componente sadomasoquista ¡Dolorrr!
Ah bueno, y también están los famosos expansores, tanto los de las orejas (que se verían más ad hoc con una pinta medio indígena, pero nunca es el caso), como lo que van debajo de la piel (¿Que también se llaman expansores, o no?). Esos también los encuentro asquerosillos: ¿Qué tiene de bonito tener un par de pequeños cuernos en la frente? Durante toda la historia de la humanidad "tener cuernos" ha sido vergonzoso, y ahora resulta que es cool.
Se me ocurre que es lo que en su momento pasó con los tatuajes, sólo que los tatuajes al menos pueden tener algún significado especial, o pueden estar tan bien hechos que sean dignos de aplauso.
Yo siempre me pregunto que va a pasar con estos pendex (y con algunos ni tan pendex) cuando entren al mundo laboral. Porque hay dos posibilidades: que de aquí a que eso suceda las empresas estén completamente relajadas respecto a la apariencia de sus funcionarios o... que los manden a sacarse todas esas cuestiones.
Y ahí es cuando los cirujanos se van a hacer la América. O incluso puede que no sea así, porque va a ser tan masivo que la cirugía reconstructiva va a estar incorporada al AUGE o va a estar incluída en el plan de la Isapre. Imaginen el cuadro: "doctor, vengo a que me corte los cinco centrímetros de oreja que me sobran", "doctor, necesito que me saque los cuernos", o aún peor "doztod, dezezito que me depare da dengua, tuve un pequeño azidente... así no pedo haced juizioz odales".
Así que en unos diez años más, una parte importante de la población adulta-joven en Chile va a tener al menos una cicatriz en la cara, que puede ir desde dos pequeños agujeritos, a la cara llena de hoyos. Va a ser la "Generación Cicatriz", y sus marcas ni si quiera va a ser por algo meritorio, como las marcas de bala de los policías, o los cortes en las manos de los carniceros, o los callos de los obreros asalariados, compañeros!!! (jaj, eso fue mucho...). Va a ser simplemente porque creían que se veía bonito, o porque así estaban a la moda, o porque así demostraban que no le tenían miedo al dolor... (lo que es yo, le tengo más miedo que la... y qué).
Yo sé que el comentario es como de vieja moralista, pero lolita, lolito: hay formas mucho menos invasivas de adornarse o de pertenecer a la tribu. Y si de verdad les gusta tanto el dolor o las incomodidades ¿Por qué no prueban a usar frenillos, fajas reductoras o prótesis ortopédicas? Por último les van a servir para enderezar cosas o adelgazar, digo yo.
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