¿Qué nos pasa a las mujeres con Sex and the City? A mí me encanta, pese a que no soy de las que tiene un ropero tan grande que podrías llegar a Narnia, ni tampoco vivo saltando de una aventura amorosa en otra, ni tampoco soy una profesional hiper glamorosa. Y por lo mismo, cuando mi amiga Ale me invitó a una función especial de la película, acepté de inmediato; PERO... le dije que iba a ir sin maquillaje, con la pinta más sport y menos chic que tuviera; sólo para hacer la diferencia en un evento que yo suponía, iba a ser todo estiloso.Llegamos, y en cuestión de minutos, la fila para entrar se hizo enorme. Yo pensé que me iba a encontrar con puras Sub 40 regiasestupendas, arregladas como para un matrimonio y tratando de imitar el look de las protagonistas. Pero no fue así, había de todo: chicas universitarias, de jeans y parka, casi sin maquillaje; otras con pinta de ejecutivas, arregladas, pero sobrias; una que otra que intentaba parecer Sub 40 con el gentil auspicio de la cirugía estética,Ona Sáez y Sebastián Ferrer, e incluso creí distinguir un look pokemon por ahí.
Y mientras veíamos la película (que es igual de entretenida que la serie, pero en versión extendida), creí entender por qué estábamos todas ahí: porque tengamos o no tengamos la plata para comprarnos un par de Manolo Blahnik o un bolso Louis Vuitton, a todas (o a casi todas) nos gusta salir de compras y llenarnos de trapos, zapatos, carteras, accesorios, maquillaje, cremitas y perfumes; mejor si es con amigas. Es que lo del shopping definitvamente viene con los cromosomas XX, lo mismo que la fijación por alguno de esos objetos (lo mío son los bolsos, no de marca, pero mientras más, mejor; aunque nunca he logrado entender la obsesión por los zapatos...).
A todas (o a casi todas) nos gustaría, aunque fuese para la foto, estar metida adentro de un vestido de Oscar de la Renta, Carolina Herrera, Vivianne Westwood, Christian Dior o Prada. Yo que uso vestido sólo para los matrimonios, morí de envidia cuando Carrie aparece posando con todos esos modelitos (y viéndose regia, más encima).
A todas (o a casi todas) nos gusta probarnos distintas pintas - tengamos el estilo que tengamos - y que las amigas sean el jurado. Es uno de aquellos rituales eminentemente femeninos, sólo comparable a entrar juntas al baño.
Todas (o casi todas) tenemos nuestro equipo de soporte técnico, la asistencia en ruta, el botiquín de emergencia: la o las amigas a las que les cuentas todo lo que la dignidad te permite, a las que llamas apenas tienes una copucha (propia o ajena), y que te ponen el hombro cuando quedas como pushing ball después de algún problema. De hecho, creo que esa es una de las claves de la serie y la película: el grupo de amiguis, y no sólo de esta serie y esta película; es un tema absolutamente universal.
Finalmente, todas (o casi todas) andamos buscando a nuestro propio Mr. Big, y hemos sufrido durante esa búsqueda. Hasta las chicas de Sex and the City sufren, aunque ellas lo hacen con estilo (... aquello de "los ricos también lloran" ¿No?). Pero pese a los costalazos, seguimos esperando el final feliz. Simplemente, porque es parte del hecho de ser chicas (tururú...).
Y aunque algunas feministas digan que aquello del maquillaje, la ropa bonita y el sueño del amor eterno es un estereotipo, y que ser mujer es mucho más que eso... bueno, claro que es mucho más que eso, pero ¿Para qué privarse de la parte entretenida?
P.S.: si no se entendió, lo de "chicas (tururú...)" es por la canción de Zucchero, que de hecho es una descripción bastante entretenida del "universo femenino", que le llaman.

