Me gusta el fútbol, pero no soy una experta, por lo que esto podría calificar como "comentario de mina"... Aunque con capacidad de análisis y buen uso del lenguaje. Esta opinión es la de una persona que mantiene la distancia suficiente como para no ser demasiado hincha, y a la que los triunfos o derrotas de la Selección no le condicionan el estado de ánimo (vale decir que no voy al estadio a no ser que sea el partido del siglo, o si me invitan; no me vuelvo loca por comprar entradas, no participo en concursos y no salgo a celebrar a Plaza Italia). O sea, yo vendría a ser algo así como un hincha pasivo.De partida, hay cosas que no entiendo, como por ejemplo, lo que alguien llamó - muy acertadamente - "la bipolaridad del hincha chileno", que básicamente se traduce en "te alentamos en la previa, te hacemos bolsa si pierdes, te endiosamos si ganas; y si empatas, la reacción dependerá de a quién le empates". Y lo otro que no entiendo es cómo un equipo al que le pasaron tres goles y lo humillaron por triunfalista, gana por goleada tres días después ¿Tienen que basurearlos para que reaccionen?
Pero lo de la bipolaridad es lejos lo que más me molesta. Entiendo que el fútbol es un asunto de pasiones, pero ¿Cómo no van a medir los comentarios y no agrandar o patear en el suelo a los jugadores, sin medias tintas?
Hay que pensar, por ejemplo, que estamos hablando de un equipo que se junta cada cierta cantidad de meses, y que cada vez que se junta, es muy posible que hayan cambiado buena parte de los integrantes Así que ¿De qué continuidad estamos hablando?
Ya, está bien, todas las selecciones del mundo operan igual, y les va mucho mejor... Peeero, estamos hablando de una selección cuyo mejor referente es un tercer lugar hace más de cuarenta años, un par de cuartos de final o semifinales cada cinco o diez años, una medalla de bronce en unas Olimpíadas y puras promesas en las divisiones inferiores.
No somos buenos para el fútbol, estamos dentro de la media (como en muchas cosas), pero aún así todas las versiones de la Selección han cargado con el peso de tener que ser las que finalmente logren un triunfo grande, presión que viene tanto de la hinchada como de la prensa. Por lo que no me extraña que los jugadores pasen de pensar que efectivamente son los elegidos, a creer que no tienen por qué serlo.
Y si a eso le sumamos que recién ahora se revirtió aquello de que la mayoría de los integrantes de la Roja jugaba en Chile (lo que no les daba un nivel internacional de competición), al menos yo entiendo por qué todavía les cuesta tanto jugar para ganar, que es como siempre (independiente del rival que tengan enfrente) deberían hacerlo.
Por lo tanto, dejen en paz un rato a los pobres cabros. Es como lo que pasa (creo) con los hijos que no salen tan talentosos como uno quisiera: hay que aplaudirlos cuando logran algo importante, pero apoyarlos igual si fallan... Incondicionalidad, creo que le llaman. Y hay que ver los efectos que provoca.
