
Anyway... Hubo un tiempo - hace MUCHO tiempo - en el que no tenía estas preocupaciones ni incomodidades, y caminaba feliz en mi nubecita de amor. Y de aquel entonces, asomó hace poco un recuerdo que me hizo pensar...
Era Navidad y llevábamos un par de semanas de pololeo: él llegó con su regalo, y con una pequeña tarjeta en cartulina azul, en la que había citado parte de un libro. El fragmento rezaba así:
"Nos nos miramos a los ojos, queríamos alargar los momentos previos, no había que apresurar nada... tantos milenios habíamos esperado ya... Hice una reverencia a la que ella respondió sutilmente; entré, nos comunicamos, pero no con palabras, hubiera sido demasiado vulgar, poco armonioso con ese mundo y con aquel encuentro tan anhelado. Nuestro lenguaje consistió en un ritual artístico de leves movimientos de brazos, manos o dedos, acompañados de algún sentimiento que proyectábamos vibratoriamente. Cuando el lenguaje hablado es insuficiente, el amor nos pide otras formas de comunicación..."
Como cualquier chica enamorada, me brillaron los ojitos, y me sorprendí cuando leí que el fragmento era de "Ami, el Niño de las Estrellas". No había leído el libro, pero tenía entendido que era más bien para niños, no una novela romántica. Cuando me decidí a leerlo y llegué a esa parte, me emocioné más todavía: es el capítulo en el que Pedrito, el protagonista, está conversando con Ami sobre el amor, y llegan a un planeta equis. Y desde el primer momento, Pedrito siente que está ahí para encontrarse con alguien a quien no había visto nunca, pero que sentía muy cercana.
"Era una hermosa mujer de facciones orientales y piel de un azul claro. Cabellos muy negros con partidura al centro. Tenía un lunar en medio de la frente. Sentí mucho amor por ella, y ella por mí. Llegaba el momento culminante. Acerqué mis manos a las suyas... y todo desapareció. Estaba junto a Ami, en la nave, la neblina luminosa y blanca indicaba que nos íbamos de aquel mundo".
Snif... ¡Yo era su Princesa Azul! No podía haber sido más romántico. Pero todo en la vida tiene fecha de vencimiento, incluso las mejores experiencias; y cuando esa historia terminó, lo único que quise conservar de él fue esa tarjetita con el fragmento de "Ami".
El problema fue que no pude despegarme de esa experiencia durante un laaargo período, y seguí buscando a esa persona a través de otras personas. Hasta que caí en la cuenta de que, así como yo me niego a ser medida con la vara de una futura esposa, o futura madre de familia o futura mujer-que-va-a-reparar-un-corazón-roto; tampoco puedo cargar a nadie con la responsabilidad de ser la nueva versión de "Pedrito".
Ya fui la Princesa Azul de alguien: tal vez volveré a ser princesa, pero ya no azul; o tal vez ahora voy a ser la Plebeya Azul. Y de cualquier manera va a estar bien.
"Nos nos miramos a los ojos, queríamos alargar los momentos previos, no había que apresurar nada... tantos milenios habíamos esperado ya... Hice una reverencia a la que ella respondió sutilmente; entré, nos comunicamos, pero no con palabras, hubiera sido demasiado vulgar, poco armonioso con ese mundo y con aquel encuentro tan anhelado. Nuestro lenguaje consistió en un ritual artístico de leves movimientos de brazos, manos o dedos, acompañados de algún sentimiento que proyectábamos vibratoriamente. Cuando el lenguaje hablado es insuficiente, el amor nos pide otras formas de comunicación..."
Como cualquier chica enamorada, me brillaron los ojitos, y me sorprendí cuando leí que el fragmento era de "Ami, el Niño de las Estrellas". No había leído el libro, pero tenía entendido que era más bien para niños, no una novela romántica. Cuando me decidí a leerlo y llegué a esa parte, me emocioné más todavía: es el capítulo en el que Pedrito, el protagonista, está conversando con Ami sobre el amor, y llegan a un planeta equis. Y desde el primer momento, Pedrito siente que está ahí para encontrarse con alguien a quien no había visto nunca, pero que sentía muy cercana.
"Era una hermosa mujer de facciones orientales y piel de un azul claro. Cabellos muy negros con partidura al centro. Tenía un lunar en medio de la frente. Sentí mucho amor por ella, y ella por mí. Llegaba el momento culminante. Acerqué mis manos a las suyas... y todo desapareció. Estaba junto a Ami, en la nave, la neblina luminosa y blanca indicaba que nos íbamos de aquel mundo".
Snif... ¡Yo era su Princesa Azul! No podía haber sido más romántico. Pero todo en la vida tiene fecha de vencimiento, incluso las mejores experiencias; y cuando esa historia terminó, lo único que quise conservar de él fue esa tarjetita con el fragmento de "Ami".
El problema fue que no pude despegarme de esa experiencia durante un laaargo período, y seguí buscando a esa persona a través de otras personas. Hasta que caí en la cuenta de que, así como yo me niego a ser medida con la vara de una futura esposa, o futura madre de familia o futura mujer-que-va-a-reparar-un-corazón-roto; tampoco puedo cargar a nadie con la responsabilidad de ser la nueva versión de "Pedrito".
Ya fui la Princesa Azul de alguien: tal vez volveré a ser princesa, pero ya no azul; o tal vez ahora voy a ser la Plebeya Azul. Y de cualquier manera va a estar bien.